Escritor
de teatro
 
Academia de amor
Buenas noches, Sabina
Cuando ella es la otra
Don Juan se ha puesto triste
El aprendiz de amante
El Café de las Flores
El carrusell
El cielo está cerca
El gran minué
El landó de seis caballos
El pobrecito embustero
El puente de los suicidas
Esta noche es la víspera
Historia de un adulterio
Juanita va a Río de Janeiro
Juego de niños
La cena de los tres reyes
La guerra empieza en Cuba
La muchacha del sombrerito rosa
La señora recibe una carta
La señora, sus ángeles y el diablo
La soltera rebelde
La vida privada de mamá
Las mujeres decentes
Los pájaros ciegos
Primavera en la plaza de París
Tengo un millón
Un día en la Gloria
Un paraguas bajo la lluvia
Usted no es peligrosa
Yo soy el sueño
Obras adaptadas
El príncipe durmiente
La fierecilla domada
Otras comedias
Comedias originales, adaptaciones y otras escritas en colaboración
 
 
  PORTADABIOGRAFÍA ESCRITOR DE TEATRO ESCRITOR SOBRE TEATROTV Y CINE SU ARCHIVO ÁLBUM BIOGRÁFICO BIBLIOGRAFÍA  
         
     
     

Título: La vida privada de mamá, comedia en dos actos divididos en cinco cuadros. Autor: Víctor Ruiz Iriarte. Estreno: Teatro Reina Victoria de Madrid el 3 de octubre de 1956. Compañía de Tina Gascó.
[MENOS INFORMACIÓN]

 
 
La vida privada de mamá
 
Adiós a la tristeza
Berta Muñoz Cáliz • Centro de Documentación Teatral, Madrid
         
 

La vida privada de mamá se estrenó la noche del 3 de octubre de 1956 en el Teatro Reina Victoria de Madrid, por la compañía de Tina Gascó y Fernando Granada, compañía que contaba ya con una extensa, fiel y feliz relación con las obras de Ruiz Iriarte. El espectáculo se mantuvo en cartel hasta el 13 de diciembre, a un ritmo de dos funciones diarias, de forma que superó la barrera de las cien representaciones, a partir de la cual un espectáculo se consideraba un éxito de público. Poco después de su retirada de la cartelera madrileña, la función emprendería una gira que pasaría por el Teatro Barcelona de esta ciudad y el Álvarez Quintero de Sevilla. Al año siguiente se tradujo al portugués y en los sesenta y setenta se retransmitiría por Televisión Española dentro de las series Risa Española (1969) y Estudio 1 (1972) (García Ruiz 1987, 55).

La obra se desarrolla en dos actos divididos en cinco cuadros, que transcurren en un mismo espacio escénico. Dicho espacio resulta muy representativo tanto del género en que se inscribe la obra como de la escritura de Ruiz Iriarte: no deja de ser el típico decorado “de tresillo”, apto para todo tipo de enredos domésticos, que tanto juego ha dado a los comediógrafos contemporáneos; pero al mismo tiempo, el lenguaje con que el autor lo describe denota claramente el ambiente de intimidad y de calidez, al tiempo que de cierta elegancia que buscaba Ruiz Iriarte para sus comedias: palabras como “pequeño”, “intimidad”, “gracia”, “distinción”, “alegre” y “confort”, todas ellas presentes en la primera frase con que se describe el decorado, nos dan, ya de entrada, no solo la idea del espacio escénico, sino del propio tono en que se va a desarrollar la comedia.

El asunto central de la pieza, al que se alude desde el título, es la contraposición entre la severa moral que aparenta ostentar la protagonista, y su auténtica vida privada. Teresa, viuda desde hace veinte años, aparenta no haber tenido relación amorosa alguna en todo este tiempo; sin embargo, el día de la boda de su hija aparecen en su casa cuatro supuestos pretendientes que estaban esperando este momento para realizar su sueño. Uno de ellos pronto quedará descartado, pues en realidad perseguía un objetivo bastante más prosaico, pero los otros tres confesarán haberse casado en secreto con ella, con el consiguiente desconcierto del público, que queda expectante hasta la explicación final. La situación avanza salpicada de continuos efectos cómicos, de manera que las representaciones hicieron las delicias del público del momento.

El autor contrapone así un tipo de moral austera y triste, tan propio del nacional-catolicismo que vive su época de esplendor en los años cincuenta, bajo el mandato de Gabriel Arias Salgado como Ministro de Información, con una moral más benévola, que, aun dentro de un orden, antepone la alegría de vivir a ciertas normas sociales. Es un tema que ya había tratado Ruiz Iriarte en comedias como La guerra empieza en Cuba, estrenada un año antes, donde la contraposición entre las gemelas Adelaida y Juanita reflejaba igualmente el contraste entre dos formas de entender la moral.

De algún modo, Ruiz Iriarte se estaba enfrentando a la rígida moralidad que se trataba de imponer desde las esferas oficiales, y el asunto, en la España de los años cincuenta, no era precisamente ligero. Sin embargo, lo hace desde la convención teatral de la comedia de enredo, género que en absoluto asustaba a los censores franquistas, y adoptando un punto de vista compasivo y tierno, al tiempo que un tono intrascendente, por lo que, lejos de producir escándalo alguno, pasó por una comedia ligera y casi vodevilesca. En su crítica de Arriba, Torrente Ballester intuyó que la obra podía haber ido más allá en su atrevimiento, aun a riesgo de desafiar a la censura, pero se había detenido justo a tiempo:

Personalmente creo que la comedia empieza de verdad al final del segundo cuadro, y que hay una línea de picardía apuntada dos o tres veces, que Ruiz Iriarte podría muy bien cultivar con más amplitud, aun a riesgo de ganarse un tres en la calificación moral. Hay una escena en el primer acto que sería mucho más eficaz con algo más de malicia. Reconozco que hay a quien le gusta el teatro sin nicotina, pero los fumadores de verdad prefieren el riesgo: La vida privada de mamá es muy entretenida y muy graciosa. (Arriba 4 oct. 1956: s.p.)

El propio Ruiz Iriarte, en uno de sus artículos, hizo alusión a su necesidad como autor de envolver la verdad en “cierta caricatura”, aun a riesgo de que esta verdad no se plasmara de manera evidente:

En la otra parcela de mi labor la realidad inmediata aparece en primer plano traducida, con intención, a la farsa. Y la verdad de las cosas, envuelta en cierta caricatura, se diluye un poco. Pero, de todos modos, esta verdad se halla siempre presente, protagoniza la acción y toda la peripecia gira a su alrededor. (cito por García Ruiz 1987, 162).

De este modo, lejos de destacar atrevimiento alguno en la obra, la crítica destacó la levedad del asunto abordado y el tono ligero de la pieza. Así, Martínez Tomás escribió: “Con asunto intrascendente y tenue –la nostalgia de amor de una joven viuda que espera que se case su única hija para uncirse de nuevo en himeneo–, Ruiz Iriarte ha construido una comedia desenvuelta y traviesa, que bordea el vaudeville, pero sin descender a un enredo demasiado complicado, como ocurre otras veces en las obras del género” (La Vanguardia 19 ene. 1957: s.p.). Igualmente, el ya citado Torrente Ballester destacaba el agrado con que había presenciado la pieza y el efecto analgésico que esta producía: “La función fue alegre y el público lo agradeció. Siempre está bien ver en el escenario un animado grupo de chicas monas, y un conflicto que se resuelve satisfactoriamente  hace unas veces de magnesia efervescente y otras de aspirina”. Este crítico señaló igualmente que el “clima” en que se desarrolla la comedia “es la intrascendencia, aun en sus momentos más sentimentales, aun en lo más gordo del conflicto” (Arriba 4 oct. 1956).

En realidad, pese al tono de jocosa inmoralidad con que avanza la acción dramática, gracias a los equívocos de Teresa, que confunde a los pretendientes y mezcla recuerdos de un tímido erotismo, y sobre todo, gracias al hipotético triple casamiento, la comedia carece de elementos objetivos que pudieran chocar contra la moral imperante: por una parte, la protagonista lleva viuda nada menos que veinte años; por otra, sus relaciones con los pretendientes se adivinan bastante recatadas (únicamente se alude a algún beso furtivo, y el propio Nicolás le hará saber a Fernando que “no hubo nada” entre él y Teresa). Es más, Teresa se muestra terriblemente tímida cuando tiene que decir a su hija recién casada “lo que debe saber una niña inocente antes de quedarse a solas, por primera vez, con su marido…”. Nada nos hace pensar, por tanto, que la viuda haya cometido “pecado” alguno; es más, para que no haya dudas, lleva un año casada en secreto.

La trama está construida con gran habilidad y dominio de la llamada “carpintería” teatral, como es costumbre en las comedias de Ruiz Iriarte. Tal como señala García Ruiz, “el encadenamiento causal de las situaciones está habilísimamente trabado, manteniendo hasta el final la tensión de la peripecia” (1987, 178). Para dicho autor, esta cualidad, junto con su trasfondo humano, se contará entre las mayores virtudes de la obra: “En este ejercicio de pericia técnica y en el fino humor de las situaciones, bajo los que subyace, sin embargo, un somero contenido humano que distingue la obra de un puro vodevil, están los méritos de La vida privada de mamá” (1987, 178-79).

También es destacable su dominio del lenguaje, siempre brillante e ingenioso. Así, por ejemplo, Torrente Ballester señaló: “está dialogado con agilidad y gracia” (Arriba 4 oct. 1956), y “Cervantes” en el abc de Sevilla (23 abr. 1957) se refirió a la obra como “muy bien escrita, de suelto y cuidado diálogo”. Asimismo, José Antonio Bayona destacó el brillo del lenguaje y sus efectos cómicos sobre la congruencia del diálogo: “Ruiz Iriarte nos ofrece un diálogo salpicado de sorpresas, donde saltan con ingenio la frase, el concepto inesperado, la réplica, al parecer incongruente con el tema dialogal. Estos efectos, estos leves trucos de expresión abundan en esta comedia” (La Vanguardia [Madrid] 4 oct. 1956).

En efecto, de acuerdo con el carácter de “caricatura” que señalaba el autor, estamos ante un tipo de comedia en el que el chiste y el golpe de efecto priman sobre cualquier tipo de verosimilitud de las situaciones o de consistencia psicológica de los personajes. Refiriéndose a la protagonista, Torrente Ballester señaló que “el de la protagonista, tomado en serio, hubiera sido un gran tipo de mujer; pero tomado en serio, el sesgo de la comedia hubiera sido más dramático y la gente no se reiría tanto”. Este crítico señaló igualmente la inverosimilitud de la trama, aunque la disculpaba por su comicidad: “aunque el tema central no sea demasiado verosímil, es divertido” (Arriba 4 oct. 1956). No obstante, también hubo quien consideró que el grado de inverosimilitud de esta obra era superior a lo acostumbrado en el género, como el crítico barcelonés de La Vanguardia, quien escribió: “La inverosimilitud de la mayor parte de las escenas de la comedia le restan mérito y eficacia, sin embargo” (La Vanguardia 19 ene. 1957).

Tal como se deduce de los testimonios citados, la comicidad es la nota dominante en esta obra, y aún podríamos citar otros que dan cuenta de ello. Por ejemplo, Adolfo Prego: “El autor se lanzó esta vez al campo abiertamente cómico” (Informaciones 4 oct. 1956). Entre los mecanismos de que se sirve el autor para hacer surgir la comicidad se encuentran, como señaló García Ruiz (1987, 178), el contraste paradójico (así, por ejemplo, será Marita quien aconseje a su madre y proteja su inocencia), y la acumulación (el hecho de que sean tres los pretendientes, a los que se suma un cuarto que busca en realidad comprar el piso).

En el conjunto de la producción de Ruiz Iriarte, esta no es una de sus obras mejor valoradas. Los críticos de su tiempo encontraron ciertas similitudes entre esta comedia y otras anteriores del autor, y por lo general, coincidieron en que La vida privada de mamá no se contaba entre sus mejores creaciones. Así, Martínez Tomás escribió:

Menos dinámica y más simple de recursos escénicos que otras comedias del mismo Ruiz Iriarte, La vida privada de mamá no desmiente, sin embargo, el marchamo de fábrica. Muchos de sus chistes y algunas de sus situaciones tienen ese tono ligeramente atrevido e incisivo que ha hecho de Ruiz Iriarte uno de los comediógrafos que se siguen y escuchan con más complacencia. (La Vanguardia 19 ene. 1957)

Asimismo, Alfredo Marqueríe encontró similitudes con otras obras del autor, que, en su opinión, empezaba a caer en una cierta “fórmula” que sabía de antemano que iba a dar resultado. Por entonces, Ruiz Iriarte ya había alcanzado un notable reconocimiento como comediógrafo –Andrés Moncayo, por ejemplo, se refería a él como “este autor joven y depurado maestro de la comedia alegre, ingeniosa y divertida” (Informaciones 29 sep. 1956)– y precisamente por eso Marqueríe le exigía no “encasillarse para conseguir el éxito”, y apostillaba: “Su talento, su cultura, su extracción literaria están capacitados para más altos empeños” (abc 4 oct. 1956).

En cuanto a la interpretación, la crítica destacó la actuación de Tina Gascó (“siempre gran comediante, hizo de su papel una creación magnífica”, escribía Martínez Tomás en La Vanguardia, 19 ene. 1957), así como la de los tres pretendientes de Teresa, a los que el crítico de La Vanguardia tildó de “insuperables”. Especialmente destacado fue el papel cómico de Rafael Alonso, que interpretaba al pretendiente sudamericano: Martínez Tomás se refirió a él como “un verdadero hallazgo de comicidad”, e igualmente, Torrente Ballester escribió: “Rafael Alonso tuvo repetidas ocasiones para mostrar su talento cómico” (Arriba 4 oct. 1956). Al parecer, no solo desde el texto, sino también desde la interpretación, se buscó el efecto cómico por encima de otros matices: “Creemos que algunas exageraciones interpretativas que se advirtieron fueron deliberadas, porque así lo pedían ciertos tonos grotescos de la farsa”, escribía Alfredo Marqueríe (ABC 4 oct. 1956).

Según el testimonio de los críticos de la época, el público acogió la obra con entusiasmo: “anoche fue muy reída y celebrada por el auditorio. Para todos, autor e intérpretes, sonaron fuertes los aplausos al final de los cuadros y de la obra, mientras el telón se alzaba una y otra vez” (La Vanguardia [Madrid] 4 oct. 1956). También el público del estreno barcelonés le dispensó una acogida bastante favorable, según relataba el crítico de La Vanguardia, Martínez Tomás: “La sala, todo lo concurrida y brillante que permitía el tiempo, se mostró complacida, acogió la obra con cierto entusiasmo y dispensó a los intérpretes justas ovaciones” (19 ene. 1957). Tal como señala Juan Antonio Ríos, el público de estas comedias estaba compuesto, fundamentalmente, por señoras de cierta edad y de cierta condición social, y posiblemente fueron esas señoras las que elevaron a la categoría de éxito la historia de una viuda todavía hermosa con tres pretendientes que “le hacían el amor”. Entre el estreno, diez años atrás, de El cielo está cerca, donde el personaje de la viuda era una madre-criada, sin posibilidad de lucimiento alguno para la actriz que debía interpretarlo (García Ruiz 2012), y el estreno de la comedia que aquí presentamos, el autor había aprendido muchos secretos del oficio teatral y sabía en qué claves podía radicar el éxito de una obra: había aprendido a crear papeles atractivos para las actrices que harían sus papeles y, sobre todo, a seducir a su público; lo venía demostrando desde hacía años y lo demostraría una vez más con La vida privada de mamá.

 

 
Obras citadas:
García Ruiz, Víctor. Víctor Ruiz Iriarte: autor dramático.
Madrid: Fundamentos, 1987.
García Ruiz, Víctor. Cerca están… las buhardillas. 20 enero 2012.
Ríos Carratalá, Juan Antonio. Fino humor sugerente. 20 enero 2012.
 

 

 

Título: La vida privada de mamá, comedia en dos actos divididos en cinco cuadros.
Autor: Víctor Ruiz Iriarte.

Estreno en Madrid: Teatro Reina Victoria, el 3 de octubre de 1956. Compañía de Tina Gascó.

EDICIONES

Ruiz Iriarte, Víctor. La vida privada de mama. Colección Teatro, 168. Madrid: Escelicer, 1956.

Traducida al portugués.

Emitida en RTVE: Estudio-1 (24 nov. 1972) y en Risa Española (6 mayo 1969).

Existe una copia mecanografiada de la adaptación para Risa Española.
 
 
 
 
 
 
ARCHIVO DE PRENSA, EN PDF
(procedente de la Fundación Juan March)
En el Reina Victoria se estrenó "La vida privada de mamá", de Ruiz Iriarte / por Alfredo Marqueríe. ABC 4 octubre 1956: 5, 49. Fotografía.
Estreno de "La vida privada de mamá", de Ruiz Iriarte en el Reina Victoria / por Arcadio Baquero. El Alcázar 4 octubre 1956.
"La vida privada de mamá", en el Reina Victoria: presentación de la compañía de Tina Gascó / por Fernando Castán Palomar. Dígame 9 octubre1956.
Reina Victoria : "La vida privada de mamá", comedia de Víctor Ruiz Iriarte / por Victoriano Fernández Asís. Pueblo 4 octubre1956.
Reina Victoria : estreno de "La vida privada de mamá", de Víctor Ruiz Iriarte / por Elías Gómez Picazo. Madrid 4 octubre 1956.
"La vida privada de mama", en el Reina Victoria: comedia en dos actos y cinco cuadros, de Ruiz Iriarte / por Nicolás González Ruiz. Ya 4 octubre 1956.
Crítica : "La vida privada de mamá", de Ruiz Iriarte, en el Reina Victoria / por Adolfo Prego. Informaciones [1956?].
Estreno de "La vida privada de mamá" en el Reina Victoria / Gonzalo Torrente Ballester. Arriba 4 octubre 1956.
Estreno en el Reina Victoria de "La vida privada de mamá" / por Antonio Valencia. Marca 4  octubre 1956.