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VÍCTOR RUIZ IRIARTE, GUIONISTA DE TELEVISIÓN ESPAÑOLA
Un autor modélico para la telecomedia

La mayoría de los guiones de Víctor Ruiz Iriarte para TVE se escriben en el contexto desarrollista y aperturista del franquismo, esto es, en un periodo que va de 1959 a 1973. El desarrollismo trae la liberalización de la economía, el crecimiento de las clases medias, la aparición de la sociedad de consumo, la emigración… El aperturismo instaura una mayor pluralidad política y una reducción de la represión y de la censura. Ambos fenómenos se trasladan a TVE de la siguiente manera:

En lo económico, se multiplica el número de receptores de televisión (de 850.000 en 1963 a 3.897.000 en 1969), se crean los teleclubs, se extiende el número de repetidores y, por lo tanto, la señal llega a más zonas geográficas, se traslada la sede a Prado de Rey (18 de julio de 1964), aumenta la plantilla de trabajadores (1.050 empleados fijos en 1966), se amplían las horas de programación y aparece la segunda cadena, cuyas emisiones en prueba comienzan en 1965, haciéndose regulares desde el 15 de noviembre de 1966.

En lo político, el aperturismo lleva al Ministerio de Información y Turismo, del que depende TVE, a Manuel Fraga Iribarne (nombrado el 10 de julio de 1962). Fraga suaviza la censura y mitiga las consignas, sin por ello dejar de ejercer un férreo control de los medios de comunicación. Al mismo tiempo, emprende una ambiciosa política de difusión cultural y de fomento de la cultura, dentro de la cual TVE desempeña un papel primordial. Esta política “ilustrada” consiste en una acción de formación y de recreo, de reclutamiento de intelectuales y escritores y de potenciación de los programas infantiles y juveniles. Genera en España una segunda fase de la paleotelevisión: ya no estamos ante la televisión en casi continuo directo y hay más cámaras en la calle, pero sigue el blanco y negro, se mantiene el peso de los dramáticos y los minutos de publicidad suponen menos del 10% de la programación (actualmente ha habido que legislar para impedir que sobrepase el 20%), minutos que son suficientes para financiar la televisión dado el régimen de monopolio del estado.

En efecto, el aperturismo se traduce por parte de TVE en un deseo de aumentar el número de programas de calidad. Para ello se decide contratar a periodistas, cineastas, científicos, intelectuales y escritores con el fin de que escriban guiones originales o intervengan en todo tipo de programas. Con el tiempo, sobre todo en lo que se refiere a la programación del canal uhf o Segundo Canal, esta política dará lugar a la Edad de Oro de TVE. Un papel muy destacado en el camino hacia esa televisión de calidad le corresponde a los dramáticos. En concreto, TVE decide que la producción de este tipo de programas se base en una dramaturgia cuyos temas, acciones, personajes, situaciones, etc. ha de seguir las siguientes premisas:

1. Defensa de valores morales positivos: amor, amistad, ejemplaridad, esfuerzo, solidaridad… En este sentido, los guiones de Ruiz Iriarte son modélicos.
2. Desarrollo comprensible y apto para las grandes masas.
3. Alta calidad artística y literaria, que haga posible su exportación.
4. Alto valor cultural, ya sea por recurrir a las obras maestras de la literatura o pedir originales a los escritores más prestigiosos.

Para llevar a cabo esta misión, los directivos de TVE organizan la producción de dramáticos en tres tipos de subformatos. En primer lugar, los espacios semanales dedicados a las adaptaciones para televisión de obras teatrales y, en algún caso, la emisión de obras originales. El programa más importante es Estudio 1 (1965-1985), que nace en esos momentos para sustituir a Primera fila (1962-1965), además de Teatro de siempre (1966-1972), dedicado expresamente a trazar un recorrido por los clásicos y las distintas corrientes teatrales que han existido desde los griegos. En algún caso, como Comedia de humor (1967-1971), la obra se rueda en un teatro y con la presencia del público en la sala. Estos programas hacen de TVE la empresa más importante por el número de obras de teatro montadas y el público logrado, esto es, más de cincuenta obras en 1965 y más de doscientos millones de espectadores. Todavía se recuerdan producciones como la adaptación de Pedro Amalio López de Las brujas de Salem (1965), la Ondina (1968) de Juan Guerrero Zamora y los Doce hombres sin piedad (1973) de Gustavo Pérez Puig. Y es un hecho que aquellos programas contribuyeron a popularizar el teatro y a dar a conocer sus clásicos.

El segundo tipo de dramáticos son los espacios que ofrecen adaptaciones de novelas, cuentos, biografías y, también, obras de teatro, pero siempre con la peculiaridad de un final en forma de “continuará” y una estructura de emisión diaria en cinco o diez episodios de lunes a viernes. El programa paradigmático es el espacio Novela (1962-1979), ampliado en 1965 con Novela de noche, el cual se emite primero después de Telediario y luego antes de este programa. Es la variante de mayor éxito entre el público, como lo demuestra el hecho de que algunas de las novelas emitidas aumentan sus ventas en forma de libro y hasta se agotan en las librerías. Así sucede con Niebla (1914) de Unamuno y con Matías Pascal (1904) de Pirandello, ambas emitidas en 1965 en Novela de noche. Dentro del espacio Novela, triunfan las emisiones de El conde de Montecristo (1969), David Copperfield (1969), Crimen y castigo (1970) y Papá Goriot (1971).

Finalmente, está el formato de guiones originales, casi siempre en clave de humor o telecomedias, como las series de treinta a cincuenta minutos escritas por Jaime de Armiñan, José María Pemán, Adolfo Marsillach o Antonio Gala. Es la variante más arriesgada y costosa, pero también la más creativa y la que establece un vínculo necesario con el mundo de las letras de ese momento. De hecho, TVE organizan concursos de guiones abiertos a todos los escritores y hasta se forman guionistas en su Servicio de Formación. De este modo, los escritores consagrados se mezclan con las nuevas promesas.

En 1966, estas tres variantes suponen el 13% de la programación de TVE, es decir, un 10,4% de las 63 horas y 20 minutos de la programación semanal de la Primera Cadena y el 18,2% de las 22 horas de programación semanal de la Segunda Cadena, o lo que es lo mismo, 7 y 4 horas, respectivamente, de dramáticos a la semana.

Pues bien, en 1965 TVE se pone en contacto con Víctor Ruiz Iriarte para que participe de esta etapa desarrollista de TVE y de su política de fomento de los dramáticos en las tres variantes mencionadas. El éxito lo obtiene Ruiz Iriarte con la telecomedia.

[Fragmento de Emeterio Diez. “Víctor Ruiz Iriarte en blanco y negro”. Víctor Ruiz Iriarte. Dramáticos para tv. Ed. Emeterio Diez. Madrid: Fragua, 2010. 7-40]